BAJO SOSPECHA
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Haciendo uso de la carga emotiva, sensual y visual que las
palabras tienen en nosotros, he estructurado esta muestra
bajo el signo de una de ellas a la que usualmente se le atribuyen
negras e intrigantes connotaciones: SOSPECHA. Eso es, la palabra
SOSPECHA.
¿Cómo nos toca en lo profundo esta palabra,
qué imágenes, qué recuerdos provoca su
simple mención?
Recordaremos que por muchos años existió en
nuestro país la llamada “detención por
sospecha”, en virtud de la cuál la policía
podía arrestar a las personas que se encontraran a
“deshora” en lugares o circunstancias que dieran
“motivos fundados para atribuirles malos designios”.
Motivos fundados, fundados, ¿en qué?
Hay una parte en “Fahrenheit 451”, novela de
anticipación de Ray Bradbury, en que Clarisse le dice
a Montag el bombero: “Mi tío fue arrestado el
otro día por pasearse a pie...” Claro, la policía
entró en sospecha dado que, ¿cómo se
explica que, sin mediar “malos designios”, una
persona del futuro salga simplemente a caminar, a patear hojas
por la alameda, para qué, que necesidad tiene?
Pero la sospecha policial, definida en el plano de lo concreto
es distinta de la sospecha intelectual, que se elabora en
el plano de las ideas, de poner las cosas, el mundo, la existencia
incluso, bajo un manto de sospecha, no para meter todo en
una celda oscura sino para saber más, para indagar
en las verdades que generalmente permanecen ocultas a nuestros
sentidos.
“E pur si muove” musitó Galileo Galilei
cuando al fin lo liberaron de la tremenda sospecha de estar
alterando el orden instituido, de asegurar, bajo oscuros designios,
que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol y no a
la inversa. De ahí que uno pueda concluir que el mundo
entero se mueve creadoramente bajo el signo de la sospecha.
En la ciencia, más específicamente en“la
física contemporánea, se sospecha que dos cosas
distintas pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo”.1
El universo entonces, podría ser muy distinto a lo
que imaginamos, a lo seguros que creemos estar pisando la
tierra.
En las religiones se sospecha que el vivir no es un mero pasar;
comer, dormir, defecar. Se sospecha, y la fe lo da por seguro,
que existe algo más, ¿qué?
En el arte se sospecha que hay otras verdades, aparte de las
visibles, y que la función del artista es develarlas,
traerlas a la luz. Para ello se inventan nuevos lenguajes,
muy crípticos a veces, que permitan hacerlas visibles,
“revelarlas”. Como expresión artística
la fotografía sospecha con el ojo, un ojo-espíritu,
entrenado para perforar oscuridades, densidades corpóreas,
realidades camufladas. Una arruga, ¿es tiempo envasado,
materia escultórica, espacio instalado como reflexión,
juego de luz y sombra?
El fotógrafo –como poeta, no el que usa la
cámara como fotocopiadora de recuerdos– va haciendo
uno el ojo propio con el de la cámara, transformándose
en un sospechador visual que, en vez de ver una cosa como
única e irreductible ve en ella otras que ocupan el
mismo lugar, pero con presencias y connotaciones diferentes.
La misma sospecha de la física contemporánea,
pero visto de otro lado.
Las cosas y sus significaciones son variables, según
sea donde están, al lado de quién están,
y que están porque son miradas –lo que no es
mirado no existe– con ojos que, más que ojos,
son espíritu iluminado, ese que siempre esta buceando
en las profundidades en busca de “la realidad-otra,
esa que acecha siempre desde el otro lado del espejo”.2
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ORLANDO MELLADO
1- 2 Alberto Cousté en la presentación
de “El perseguidor y otros relatos”, de Julio
Cortázar.
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