SOBRE ORLANDO MELLADO Y SU PINTURA
............................................................................................................................
La institución humana del sentido en que se nos otorga
la concreta realidad externa no es nunca, como sabía
Aristóteles, una intuición sensible pura (como
lo es en el animal). En el hombre, toda captación sensorial
está enteramente permeada de razón; es, en cierta
forma, una visión inteligenciada.
Ocurre también así en el caso del conocimiento
artístico, cuando es propiamente tal. Y es lo que magníficamente
manifiesta la obra del gran pintor chileno Orlando Mellado.
Los rostros humanos, los jardines, los paisajes, los circos
o las playas son vistos por el artista según la imagen
sensible, pero también en lo que esta imagen otorga
más allá de sí misma, sí pudiera
decirse. Los ojos humanos en general, pero muy especialmente
y privilegiadamente los del artista, ven desde la inteligencia;
y ésta ve por los ojos. “En la pintura hay dos
cosas decía Cézanne : el ojo y el cerebro, y
ambos deben operar al unísono… El ojo, desarrollando
su visión del mundo de la naturaleza; el cerebro, desarrollando
la lógica que supone organizar las sensaciones que
proveen los medios de la expresión”. Esto último
será, tanto, mayor cuanto el artista, “habiendo
visto más profundamente, logre expresar lo que ha visto
más plenamente”.
Si intentamos precisar algo más esta cuestión,
sirviéndonos de la distinción que hacía
Gabriel Marcel entre misterio y problema, diremos que todo
la creatividad del artista del pintor, en este caso está
inmersa en el misterio; desde la disposición subjetiva
que lo lleva a apropiarse de “algo”, para forjar
una idea (estética), hasta la manera como plasma esta
misma “idea”. Ni lo que el artista capta, ni como
lo expresa, ni como lo “traduce” plásticamente,
son pura transparencia. Y no lo son ni para el agente ni para
el receptor (que aprecia su obra).
En la pintura de Orlando Mellado, el misterio “aparece”,
tal vez de manera especial, en la atmósfera que le
da a sus cuadros una particular –y muy propia suya “implicación”
de luz y color, lo que no es sólo, ni primero, nos
parece, un color que da cierta luz, sino, más fundamentalmente,
una luz que exige un color y una “composición”
de colores. La profundidad estética de esta “exigencia”
se expresa en el hecho de que en Orlando Mellado los colores
vivos (típicos de su pintura), producen un “clima”
o una “atmósfera” misteriosamente difusa;
como nostálgica de “algo más”; que
insinúa sin enceguecer, que se pierde en un “más
allá”.
En lo más profundo, se puede decir, con una paradoja,
que la obra del pintor chileno casi se agota en el misterio,
en la medida misma en que es un gran pintor. El "problema",
la dimensión marceliana del “problema”,
queda así reducida a la “traducción”
plástica de la idea estética. No se debe considerar,
sin embargo, esta dimensión cómo puramente instrumental,
o como un mero complemento en su obra. Y esto, porque, además
de lo que es aquí requerido, del discernimiento técnico
y compositivo del artista y Orlando Mellado asume plenamente
esta exigencia , su misma “técnica” (pictórica)
está como energetizada y permeada, y aún “hipotecada”
por su intuición originaria y por la idea estética
que la expresa. Podríamos sintetizar, entonces, diciendo
que el estilo de Orlando Mellado en su misma versatilidad
, es producto de la “solución” estética
que el artista buscó para plasmar su obra, sin salir
del misterio en el que ella se engendró; o, tal vez,
del “misterio” que la engendró… Dicho
de otra manera, él artista “sabe” de dónde
parte, pero no dónde llega.
Es a partir de aquí y de la estructura cognitiva del
artista en Orlando Mellado y su obra pictórica desde
donde podemos apreciar, complementariamente, la libertad como
condición y “trama” de la creación
artística. Estupendamente en los tonos, en la combinación
de colores; en los juegos de luz; en la composición,
en formas y volúmenes, nos muestra las “dimensiones”
de aquella libertad. Desde la perspectiva del espectador,
esa libertad es, primero, objetiva: se refiere propiamente
a los objetos y a su diversidad comparativa y expresiva. En
segundo lugar, siempre desde el observador externo, ella se
refiere a algo que implica en el artista como una opción
originaria, en relación a la vía que lo lleve
a traducir libremente su idea (estética).
En este caso, el pintor es ciertamente para sí mismo,
y en un orden particular, un testigo de la libertad que lo
constituye como persona, y que en la afirmación de
su propia unidad lo capacita para proyectarse hacia lo múltiple
y diverso, sin dejarse ni diluir en ellos, ni limitar por
la finitud del dato sensible. De ahí la dificultad
a veces manifiesta para encontrar el objeto adecuado; es decir,
el “tema” en el objeto sensible.
El artista como claramente se ve en Orlando Mellado se pasea,
si pudiera decirse, entre las formas sensibles, desde las
que su imaginación va a producir (producción
espiritual, no material) las formas estéticas; lo cual
equivale a expresar libre y plásticamente la intuición
originaria.
Todo esto se proyecta y converge, una vez más, en
el estilo, o en los estilos que caracterizan su obra, sin
encasillarla en una categoría desde la que puedan deducirse,
como en un silogismo, las “conclusiones” necesarias
que den cuenta de la obra y del “alma” del artista.
.............................................................................
Fernando Moreno Valencia
Artes y Letras, “El Mercurio” de Santiago
21 de Mayo de 1995
|