Puente Curanipe (1999)



 
  Semblanza de Orlando Mellado, Pintor ( Eduardo Meissner)  
Texto de Ricardo Bindis Fuller escrito para el libro ARTE Y PAISAJE,  editado por la Universidad de Talca en el año 2004.  
 

SOBRE ORLANDO MELLADO Y SU PINTURA
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La institución humana del sentido en que se nos otorga la concreta realidad externa no es nunca, como sabía Aristóteles, una intuición sensible pura (como lo es en el animal). En el hombre, toda captación sensorial está enteramente permeada de razón; es, en cierta forma, una visión inteligenciada.

Ocurre también así en el caso del conocimiento artístico, cuando es propiamente tal. Y es lo que magníficamente manifiesta la obra del gran pintor chileno Orlando Mellado. Los rostros humanos, los jardines, los paisajes, los circos o las playas son vistos por el artista según la imagen sensible, pero también en lo que esta imagen otorga más allá de sí misma, sí pudiera decirse. Los ojos humanos en general, pero muy especialmente y privilegiadamente los del artista, ven desde la inteligencia; y ésta ve por los ojos. “En la pintura hay dos cosas decía Cézanne : el ojo y el cerebro, y ambos deben operar al unísono… El ojo, desarrollando su visión del mundo de la naturaleza; el cerebro, desarrollando la lógica que supone organizar las sensaciones que proveen los medios de la expresión”. Esto último será, tanto, mayor cuanto el artista, “habiendo visto más profundamente, logre expresar lo que ha visto más plenamente”.

Si intentamos precisar algo más esta cuestión, sirviéndonos de la distinción que hacía Gabriel Marcel entre misterio y problema, diremos que todo la creatividad del artista del pintor, en este caso está inmersa en el misterio; desde la disposición subjetiva que lo lleva a apropiarse de “algo”, para forjar una idea (estética), hasta la manera como plasma esta misma “idea”. Ni lo que el artista capta, ni como lo expresa, ni como lo “traduce” plásticamente, son pura transparencia. Y no lo son ni para el agente ni para el receptor (que aprecia su obra).

En la pintura de Orlando Mellado, el misterio “aparece”, tal vez de manera especial, en la atmósfera que le da a sus cuadros una particular –y muy propia suya “implicación” de luz y color, lo que no es sólo, ni primero, nos parece, un color que da cierta luz, sino, más fundamentalmente, una luz que exige un color y una “composición” de colores. La profundidad estética de esta “exigencia” se expresa en el hecho de que en Orlando Mellado los colores vivos (típicos de su pintura), producen un “clima” o una “atmósfera” misteriosamente difusa; como nostálgica de “algo más”; que insinúa sin enceguecer, que se pierde en un “más allá”.

En lo más profundo, se puede decir, con una paradoja, que la obra del pintor chileno casi se agota en el misterio, en la medida misma en que es un gran pintor. El "problema", la dimensión marceliana del “problema”, queda así reducida a la “traducción” plástica de la idea estética. No se debe considerar, sin embargo, esta dimensión cómo puramente instrumental, o como un mero complemento en su obra. Y esto, porque, además de lo que es aquí requerido, del discernimiento técnico y compositivo del artista y Orlando Mellado asume plenamente esta exigencia , su misma “técnica” (pictórica) está como energetizada y permeada, y aún “hipotecada” por su intuición originaria y por la idea estética que la expresa. Podríamos sintetizar, entonces, diciendo que el estilo de Orlando Mellado en su misma versatilidad , es producto de la “solución” estética que el artista buscó para plasmar su obra, sin salir del misterio en el que ella se engendró; o, tal vez, del “misterio” que la engendró… Dicho de otra manera, él artista “sabe” de dónde parte, pero no dónde llega.

Es a partir de aquí y de la estructura cognitiva del artista en Orlando Mellado y su obra pictórica desde donde podemos apreciar, complementariamente, la libertad como condición y “trama” de la creación artística. Estupendamente en los tonos, en la combinación de colores; en los juegos de luz; en la composición, en formas y volúmenes, nos muestra las “dimensiones” de aquella libertad. Desde la perspectiva del espectador, esa libertad es, primero, objetiva: se refiere propiamente a los objetos y a su diversidad comparativa y expresiva. En segundo lugar, siempre desde el observador externo, ella se refiere a algo que implica en el artista como una opción originaria, en relación a la vía que lo lleve a traducir libremente su idea (estética).

En este caso, el pintor es ciertamente para sí mismo, y en un orden particular, un testigo de la libertad que lo constituye como persona, y que en la afirmación de su propia unidad lo capacita para proyectarse hacia lo múltiple y diverso, sin dejarse ni diluir en ellos, ni limitar por la finitud del dato sensible. De ahí la dificultad a veces manifiesta para encontrar el objeto adecuado; es decir, el “tema” en el objeto sensible.

El artista como claramente se ve en Orlando Mellado se pasea, si pudiera decirse, entre las formas sensibles, desde las que su imaginación va a producir (producción espiritual, no material) las formas estéticas; lo cual equivale a expresar libre y plásticamente la intuición originaria.

Todo esto se proyecta y converge, una vez más, en el estilo, o en los estilos que caracterizan su obra, sin encasillarla en una categoría desde la que puedan deducirse, como en un silogismo, las “conclusiones” necesarias que den cuenta de la obra y del “alma” del artista.

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Fernando Moreno Valencia
Artes y Letras, “El Mercurio” de Santiago
21 de Mayo de 1995

 

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© 2006 Orlando Mellado

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